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Los Hannya son demonios de mujeres consumidos por los celos, también llamados Kijo, que aparecían comúnmente en las historias del teatro noh. En la actualidad las máscaras de este tipo de demonio también reciben este nombre, por lo que lo más probable es que si se te ocurre la idea de buscar un Hannya en Japón, alguien te traiga una máscara, en vez de uno auténtico (casi que para tu fortuna).
Existen tres tipos de Hannya, según el nivel de maldad que tenga… o cuanto le hayan llegado a dominar los celos. El primero y más débil es el Namanari, es una mujer que aún conserva la apariencia humana, p
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ero que ya le asoman dos cuernecitos en la cabeza. Utiliza la magia negra para hacer malas acciones y atacar a la fuente de sus celos. Pese a que es un ser malvado aún tiene posibilidad de volver a recuperar su humanidad.

El segundo es la Hannya de tipo Chunari, más poderosa y terrible que una Namanari, pero que aún no ha sufrido una transformación total y puede ser salvada con budistas. Las Chunari tienen cuernos y colmillos, grandes y afilados, y su rostro se ha transformado en el de un demonio. También su magia es más poderosa.

Y por último las Hannya más poderosas, las Honnari. Ellas ya son demonios completos, con cuerpos serpentinos, respiración de fuego y una magia negra tan potente como temida. Aquellas mujeres que alcanzan este nivel de celos ya se quedan atrapadas en el cuerpo del demonio hasta el final de sus días.

Aunque presumiblemente la leyenda fue antes de la intrusión del personaje en el teatro noh, este ha llegado hasta nuestros días por su popularidad en dicho arte. Las Hannya más famosas con la señora Rokujô de la obra Aoi no Ue, Kurozuka de Kurozuka y Kiyo-hime de Dôjô-ji.

MitoEditar

Entre los años 794 y 1185 d.C, durante la última etapa del Período Heian, una época clásica japonesa, surgió la leyenda de un hombre llamado Watanabe no Tsuna, un valeroso samurái que hizo frente a un demonio femenino conocido por el nombre de Hannya, cuyo único propósito era el atemorizar a los transeuntes de la ciudad que pasaban por su lado, mientras empleaba todas sus fuerzas intentando atravesar el Rajōmon (la puerta del castillo), un gran portón ubicado en la parte sur de la Avenida Suzaku, en la ciudad de Kioto.

Un día, el samurái fue abordado por una mujer joven y hermosa, que implorándole su ayuda, pidió que le acompañase a la ciudad. Éste no pudo negarse y juntos iniciaron el viaje, en el cual Watanabe no Tsuna descubrió por casualidad, cuando la miraba por encima del hombro, cómo aquel ser se trasformaba en un maléfico demonio al que derrotó con su espada, seccionándole la mitad de su brazo. El herido ser huyó del lugar vociferando, y el samurái, como recuerdo de su enfrentamiento, tomó el brazo de la criatura y lo envolvió cuidadosamente para después depositarlo en el interior de un cofre.

El mutilado demonio dejó que el samurái se confiase, que olvidase por completo su enfrentamiento cuerpo a cuerpo contra ella, hasta que llegó el día en el que tomó la forma de un familiar de Watanabe, concretamente el de su tía, y tras pedirle que le mostrase aquel famoso trofeo que con tanto ahínco había estado atesorando durante tantos años, la criatura volvió a recuperar su forma original y arrojándose sobre la caja logró hacerse de nuevo con su extremidad mientras huía de la casa de Watanabe, al que nunca más se volvió a enfrentar.

[1]

También véase Taka-Onna

Sara 11:11 8 oct 2018 (UTC)